MOSCA

MOSCA

Mosca es un juego de niños capaz de convertirse en una pesadilla.

Pedro lo sabe bien. Con solo diez años ya pesa sobre él el sufrimiento de ser víctima del abuso. De un abuso que, además, se practica entre iguales.


El acoso escolar es uno de nuestros mayores fracasos como sociedad y el índice de suicidios por esta causa resulta alarmante. Hay quienes incluso creen que es más adecuado llamarlo “asesinato social”.

Con esta apuesta, volvemos a traer a escena realidades que afectan a la infancia y la educación; poco visibles o no tratadas de forma adecuada. Para compensar esta falta, la obra profundiza sobre las emociones de quien es víctima del acoso escolar, reflexionando sobre su vida y prestando atención a cómo el miedo, los prejuicios y la impotencia llegan a impregnar todo su entorno.

MOSCA es un proyecto que habla sobre el entorno del menor a través de su familia y la escuela. Sobre la impotencia de no saber qué hacer, la falta de información o el no detectar el problema a tiempo. Un juego de patio de colegio que puede convertirse en acoso, miedo, soledad y desesperación.

 

CRÍTICAS:

En “Mosca”, la palabra posee una gran fuerza expresiva debido a la nitidez del relato escueto, certero y hondo.
Los tres excelentes intérpretes realizan un trabajo magnífico entrando y saliendo del personaje a la narración y viceversa con la mayor naturalidad, eficacia y honestidad de lo que es el juego teatral.

Es de esos espectáculos que, sin apenas exigencias técnicas, plantea un discurso intenso en el contenido que se hace necesario, imprescindible, en todo el arco escolar.

Artezblai (Manuel Sesma)

“Mosca”, el insecto que da título al montaje, como el acoso escolar, está siempre ahí, zumbando, incordiando sin sentido pero sin descanso.

Montajes como este contribuyen, desde luego, a concienciar a grandes y a chicos del problema, y ese es en todo caso el comienzo de la solución.

Diario Crítico (José Miguel Vila)

Hay un trabajo muy interesante a través de los personajes, que comparten espacios comunes, pero que tienen su lugar independiente, de intimidad apuntada.

Ellos (Pedro, su padre), ellas (la madre, la maestra), se encuentran, hablan, pero rechazan la comunicación, apuestan por momentos cómicos en la amargura y no se vuelca la sangre en la tragedia.

La salida a la acción propone la decisión de cada espectador, de manera que no hay un final definitivo, apostando por proponer al público la necesidad de decidir, de tener el final en las manos ¿te las lavarás o tomarás decisiones? parece decir. Necesariamente es un trabajo social, que obliga a la implicación.

La República Cultural (Julio Castro)